Queridos amigos:

Dios nos crea con un propósito:  hacernos felices por toda la eternidad. Jesús en el Evangelio proclama:  El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna.  Yo lo resucitaré  en el último día. Para un discípulo de Cristo la resurrección de los muertos es la gran Esperanza.  Moriremos, sí, a esta vida terrenal pero resucitaremos para la Vida Eterna.

Ese es el gran mensaje que el cristianismo grita a toda la humanidad. No todo termina con la muerte. Cristo la ha vencido.  Si se pierde la Fe en la Resurrección de los muertos, nuestra vida terrenal pierde su sentido. No vale entonces la pena vivir, pero si es verdad que Cristo ha resucitado, la Vida es nuestro supremo tesoro.

Dios se hizo hombre para rescatarnos de la muerte que entró en este mundo por el pecado. La envidia de Satanás arrastró al hombre a la condenación eterna. Dichosamente para nosotros Dios nos amó hasta el punto de entregar a su propio Hijo a la muerte y muerte de Cruz por  nuestra salvación. Por la Sangre de Cristo hemos sido salvados. Si mantenemos firme nuestra Fe católica entonces  esta vida pasajera, a pesar de todas las dificultades que conlleve, dará un fruto maravilloso: la Vida más allá de la muerte que nunca terminará.

Si la Fe en la resurrección de Cristo y la nuestra, desaparece de nuestro horizonte, este mundo se hunde en el nihilismo y la desesperación.

En estos últimos siglos la humanidad se ha ido deslizando en el sinsentido. Grandes multitudes han  perdido la Esperanza en la Vida Eterna. Han perdido la Fe en la Resurrección. Han dejado de creer en Dios y en Cristo. Han abierto su mente y su corazón a la Muerte. Creen que más allá no hay nada. Según ellos con la muerte termina todo.

Pero ese Dios que nos reveló con la Resurrección de su Hijo la Vida Eterna, no se da por vencido y continúa llamándonos al conocimiento de la Verdad.

Y ahora lo hace por medio de la Madre de su Hijo, la Virgen María.

En estas páginas quiero poner en evidencia cómo el Inmaculado Corazón de María es el gran instrumento del Padre-Hijo-Espíritu Santo para llevar a toda la humanidad a los pies de Jesús nuestro Salvador.

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